domingo, 19 de mayo de 2013

Texto descriptivo

Y un día nos encontramos cara a cara, era tan blanca como la luna, sus ojos brillaban como dos estrellas en la noche oscura y su mirada expresaba tanto amor y ternura que apenas podía parpadear; fue entonces cuando supe cuánto la amaba y que tal vez por alguna razón del destino, tuve la oportunidad de conocerla.
Recuerdo que al nombrarla se me estremecía el corazón y sentía en el estomago como el bailar de mariposas cuando han encontrando la flor mas exquisita y perfumada del jardín.
Su piel era tan fresca como la manzana verde cuando el rocío de la mañana llega y la baña, y su cabello era tan largo y brillante como la cascada del bosque, siempre fresca y tranquila. Esa es mi amada, dueña de mis mas profundos sueños; que llena de alegría cada rincón de mi ser y le pone color a mis días grises, llenos de oscuridades y fantasmas, fantasmas del pasado que gracias a ella han ido desvaneciendo como desvanece el sol al atardecer sobre las altas colinas de las montañas y los siempre nobles copos de los arboles estremecidos por el viento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario